Los atamientos se yuxtaponencuando el desacuerdo envuelve
las reacciones sadomasoquistas
y surgen otras prácticas del desenlace.
La sumisión de cada vértebra
alarma las vestiduras y perece el flujo
del algodón encordado hasta el molde
perfecto y ornamental.
La dominación está en las yemas,
abre tacto,
hostiga.
Somos el formato de un fetiche
prominente desde la flagelación
que muerde el golpe en el fresno,
de la nalga por sí vuelven
los sepulcros del dolor deseado
o la espina dorsal erecta,
su primer castigo de alabanzas
en las concavidades del grito.


