4.11.08

Casta astral

Entre los papeles del cofre
o en la profundidad de un lago helado
no significa que se haya perdido
el contenido de los arcanos
los algoritmos,
el bigote de la suegra
los pesebres de la nona
la culebrilla del tío
y la bijouterie de mamá
son hereditarias.
El signo zodiacal impulsa
la casa recesiva infiere
y cada elemento genealógico
calza como aventando
la filigrana de un sobre que fue
es o será todo lo que el código postal
precise.

La fuga cósmica la mantiene virgen
por si algo detrás de una galaxia
pueda eclipsar su himen.


22.6.08

Como un juguete crepuscular


La muerte sobre la propia sangre
con la heparina
no es la sangre sobre la propia muerte
en las convulsiones
y la choza donde se suda
la penetración desconsolada
como un juguete crepuscular
el hardcore de cada ladrillo ausente
sobre la paja
se hace casa de la luz
en el sacrosanto nombre
de los penetrados.

El contraste de estas figuritas
se coagula entre la obstrucción
de una vena en la atmósfera
y el hábitat del coágulo.

24.5.08

La necrofilia del diván

La necrofilia del diván
ausenta toda ética,
la máscara del paciente
entre un dios analizado
por la opacidad del contenido latente.

Sólo un acto fallido
podría detener esta erupción,
los demás moldes del cuerpo
ya están disueltos en la
córnea.

Nos vemos en el resorte
y cualquier elemento fálico
determina en uno
el salto prenupcial
antes del último asalto,
en el bastión del culto
un coito basta para hacernos
dos en los bordes.

29.1.08

Alopelia


La babosa goza
su alopelia el
castigo mirador
una multitud de babosas
surgen como irrigación sanguínea
del helecho consumado
si pudieran fingir tal vez
una cópula sin arrastrar
monumentos
todo se dilataría a los escombros
la llama la
imagen retratada en sepia
desde ahí "la ciudad de
los pibes sin calma" también
dejó de ser una canción
movilizadora, como algo urgente
que sacude y descontrola
un muro erecto del desierto
la porción circuncidada un
oasis parafílico y este espécimen
dado al momento mismo
del momento anterior
en la armonía de las dos manos
adentradas al mismo sexo
que vislumbra el agua tan líquida que
avisa antes si hay detalles
perdidos
de nosotros en los otros y
mueren por debajo de las escalinatas
del as de espadas en el contorno
no nos mienten,
sólo siguen mirando.

La babosa esboza
un orgasmo justo

La babosa desglosa
lo que sucedidos fuimos entre
tres tierras de leguas
de banderas infrarrojas
sin el mástil desclavado
en las otras miradas mías